Desde el inicio de la humanidad, hombres y mujeres han llevado sus vidas de acuerdo a las prioridades y necesidades para subsistir y mejorar su bienestar .
Vemos por ejemplo como en la antigüedad, las condiciones climáticas, la búsqueda de alimento y mejores posibilidades de supervivencia, hacía que la sociedad fuera nómada, conformada por clanes que cumplían con determinada función y así lograr encontrar una mejor calidad de vida. Con el pasar del tiempo, la experiencia y el conocimiento sobre el aprovechamiento de los recursos naturales, la mayoría fueron cambiando sus costumbres, convirtiéndose en sociedades sedentarias en donde ya no era necesario desplazarse hasta encontrar todo para su subsistencia sino establecerse en un lugar conveniente para recolectar, transportar y almacenar; podríamos afirmar que en este caso la búsqueda sólo se centraba en mejorar las condiciones para sobrevivir.
En nuestra época ésta clase de búsqueda ya no tiene la misma relevancia, ya todo por lo que antes implicaba una aventura, lo suplen los supermercados y tiendas. Ahora la búsqueda es individual y a nivel emocional, para alcanzar metas profesionales, laborales o espirituales.
Por lo general el ser humano siempre está en constante búsqueda con la intención de obtener una mejor situación, esto conlleva a someternos al método del ensayo y error, porque muchas veces lo que queríamos encontrar no era lo que se buscaba y pasamos toda la vida sin saber exactamente cuál era nuestro anhelo verdadero.
Hay muchos factores que nos distraen y evitan que conozcamos por fin que es lo que nos podría brindar esa sensación de satisfacción al descubrir lo que nos hace falta para sentirnos plenos con nosotros mismos, uno de ellos es sin lugar a dudas la falta de tener un tiempo con nosotros mismos para meditar y saber más acerca de lo que sentimos y pensamos en realidad. La Internet trajo consigo muchas cosas positivas pero a la vez trajo algunas que nos son tan saludables si no somos cuidadosos; las redes sociales pueden llegar a ser esclavizantes e invasivas si perdemos la noción del tiempo que pasamos conectados, convirtiéndose en potenciales distractores de nuestro proyecto de vida.
Cuando dedicamos tiempo a nosotros mismos sin prisas, nuestra capacidad de conocimiento se va haciendo mayor y es ahí donde empezamos a comprender muchas situaciones a las que no les damos importancia pero resultan siendo trascendentales en nuestra vida. Algo revelador puede ser aquel sentimiento tan profundo que de niños sentíamos cuando nos preguntaban qué queríamos ser cuando grandes y que simplemente olvidamos por descuido, por considerarse absurdo o porque no es algo que nos diera el éxito o el renombre que tenemos ahora.
Existen muchos libros y películas muy inspiradores que nos invitan a meditar sobre lo que nos haría sentir plenos aún así vayamos en contra de la mayoría; un ejemplo El Apartamento (Billy Wilder 1960) Una película que nos enseña a tomar decisiones, a decir no y replantear nuestro proceder. Y el libro "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frank en donde este psicólogo narra su experiencia en un campo de concentración nazi.
Vivir la vida como la viven los demás puede ser lo más atractivo y cómodo, pues contaremos con la aprobación de la sociedad; pero hay más mérito cuando nos salimos de los convencionalismos y nos dedicamos a hacer lo que en realidad nos dará la plenitud y la satisfacción personal.
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