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| Para mejorar las relaciones personales en el hogar es necesario que haya respeto entre todos. |
Nada justifica el maltrato físico, verbal o emocional hacia nuestros hijos; lo único que causa esto es más violencia y más rebeldía. Recordemos que el ejemplo que les demos desde niños hará que nos ahorremos muchos inconvenientes.
Cuando disciplinemos a algún integrante de nuestra familia lo debemos hacer respetuosamente y sin agresividad, por más que estemos llenos de ira; se logra más cuando tratamos estos asuntos de buena manera que por las malas, además de traer como consecuencias comportamientos soberbios y sentimientos contraproducentes, obteniendo como único resultado dañar la comunicación y las relaciones interpersonales.
En ocasiones los padres y madres de familia afirman con vehemencia que ellos nunca han maltratado a sus hijos, sin analizar primero que actitudes son las que asumimos cuando alguno ha quebrantado nuestras normas y por el hecho de no golpearlos estamos convencidos que nunca los maltratamos pero nos olvidamos también que podemos hacer daño con las palabras y con nuestros actos que son los más ofensivos y quedan tan gravados como si les hubiéramos dado la peor golpiza.
Desde pequeños nuestros hijos van aprendiendo las reglas de comportamiento que tienen que seguir según sus padres y para esto necesitamos llenarnos de paciencia y cariño, para recordar lo que se dice o lo que se hace correctamente, sin llegar al extremo de volvernos pesados; para que ellos poco a poco vayan comprendiendo y se concienticen de lo que deben hacer. No podemos ser exigentes con nuestros hijos pequeños para que aprendan de una vez como se hacen las cosas ni mucho menos aplicar alguna clase de violencia con ellos por no hacer lo que nosotros queremos.
Muchos sabemos por experiencia propia, lo desagradable que resulta ser maltratado injustamente por haber dicho o hecho algo involuntario o espontáneo y sin tener la menor intensión de causar malestar cuando éramos niños, no repitamos lo mismo con nuestros hijos; por el contrario, enseñemos como nos hubiera gustado que nos enseñaran desde el respeto y cariño, es una forma de ganarnos su confianza y mejorar la comunicación para que cuando lleguen a la adolescencia no fracasemos en el intento de querer acercarnos a ellos cuando hace mucho tiempo nosotros mismos los hemos alejado y hemos destrozado cualquier vestigio de confianza que alguna vez llegó a existir.
Si bien es cierto que no hay universidades o manuales para enseñarnos a ser buenos padres, Un buen comienzo para serlo es poniéndonos en los zapatos de nuestros hijos para comprender mejor lo que pasa por sus mentes, es un error pretender que ellos se pongan al mismo nivel de nosotros ya que ellos ignoran muchas cosas que por nuestras vivencias y experiencias propias hemos aprendido, nosotros ya pasamos por esa etapa, pero ellos no para que razonen o vean las cosas con la misma madurez que nosotros. Si tuviéramos en mente este punto antes de actuar de manera errada, nos ahorraríamos bastantes heridas causadas por seguir una forma equivocada de educar los hijos.
Demostremos tanto a nuestra pareja como a nuestros hijos que de verdad los amamos, tratándolos dignamente quitando de nuestra forma de ser y de nuestro vocabulario todo aquello que ofende, que maltrata y agrede la autoestima de nuestra familia.
Esto traerá como resultado familias unidas con una excelente salud emocional, más seguros de si mismos, los alejaremos de muchos peligros, nos recordaran sinceramente con cariño y lo mejor de todo que harán lo mismo con sus hijos.






